CONECTATE CON NOSOTROS
Avatar

Publicado

en

Hay libros que, por su carácter controversial, disruptivo o contestatario, han pasado a la historia más por sus polémicas que por sus contenidos. No es necesario haber leído novelas como Lolita, El amante de Lady Chatterley o Matar a un ruiseñor para estar al tanto del revuelo que cada una ha generado al momento de su publicación, revuelo que, en muchos casos, permanece intacto varias décadas después.

Uno de los casos más destacados es el de Los versos satánicos, libro que volvió a estar en el ojo de la tormenta después del intento de asesinato que sufrió su autor, Salman Rushdie, mientras daba una conferencia en Nueva York el pasado 12 de agosto. Este ataque, sin embargo, lejos está de ser el primero que recibe el escritor británico-estadounidense de origen indio.

Publicado en 1988, Los versos satánicos desató una controversia mundial sin precedentes: en pocos meses fue víctima de censuras, prohibiciones, amenazas de bombas, manifestaciones, quemas de libros y atentados con decenas de víctimas fatales. Pero, lejos de amainar con el tiempo, su polémica solo creció.

Hadi Matar (24), acusado de apuñalar repetidas veces en el cuello a Rushdie (AP Photo/Gene J. Puskar).Hadi Matar (24), acusado de apuñalar repetidas veces en el cuello a Rushdie (AP Photo/Gene J. Puskar).

En 1989, el ayatolá Ruhollah Jomeiní, líder supremo de Irán, dio inicio a la fatwā contra Rushdie: una persecución a muerte al autor y a todos lo que estuvieran involucrados en la traducción, edición, distribución de su libro. “Comunico al orgulloso pueblo musulmán del mundo que el autor del libro Los versos satánicos —libro contra el islam, el Profeta y el Corán— y todos los que hayan participado en su publicación conociendo su contenido están condenados a muerte. Pido a todos los musulmanes que los ejecuten allí donde los encuentren”, expresó Jomeiní, según cuenta Rushdie en Joseph Anton, Memorias del tiempo de la fatua, libro en el que detalla con minucia esta polémica.

El autor, sin embargo, no esperaba que Los versos satánicos, su cuarta novela, tuviera esas repercusiones, dado que su contenido era menos controversial que el de sus libros anteriores: “ Era una exploración mucho más íntima, personal, un primer intento de crear una obra a partir de su propia experiencia de emigración y metamorfosis. Era el libro menos político de los tres. Y el material basado en el origen del Islam (…) mostraba esencialmente admiración por el Profeta del Islam e incluso respeto”, escribe en Joseph Anton, Memorias del tiempo de la fatua.

Por fortuna, este último intento de asesinato, en el que un joven de 24 años lo apuñaló repetidas veces en el cuello, no fue letal. Después de ser internado de urgencia con heridas graves, Rushdie recuperó el habla y ya respira por sus propios medios. Pasó el susto. La fatwā continúa.

Así empieza “Los versos satánicos”, de Salman Rushdie

«Para volver a nacer —cantaba Gibreel Farishta mientras caía de los cielos, dando tumbos— tienes que haber muerto. ¡Ay, sí! ¡Ay, sí! Para posarte en el seno de la tierra, tienes que haber volado. ¡Ta-taa! ¡Takachum! ¿Cómo volver a sonreír si antes no lloraste? ¿Cómo conquistar el amor de la adorada, alma cándida, sin un suspiro? Baba, si quieres volver a nacer…»

Amanecía apenas un día de invierno, por el Año Nuevo poco más o menos, cuando dos hombres vivos, reales y completamente desarrollados, caían desde gran altura, veintinueve mil dos pies, hacia el canal de la Mancha, desprovistos de paracaídas y de alas, bajo un cielo límpido.

«Yo te digo que debes morir, te digo, te digo…», y así una vez y otra, bajo una luna de alabastro, hasta que una voz estentórea rasgó la noche:

«¡Al diablo con tus canciones! —Las palabras pendían, cristalinas, en la noche blanca y helada—. En tus películas sólo movías los labios porque te doblaban, así que ahórrame ahora ese ruido infernal.»

Gibreel, el solista desafinado, hacía piruetas al claro de luna, mientras cantaba su espontáneo gazal, nadando en el aire, ora mariposa, ora braza, enroscándose, extendiendo brazos y piernas en el casi infinito del casi amanecer, adoptando actitudes heráldicas, ora rampante, ora yacente, oponiendo la ligereza a la gravedad. Rodó alegremente hacia la sardónica voz. «Hola, compañero, ¿eres tú? ¡Qué alegría! ¿Qué hay, mi buen Chamchito?» A lo que el otro, una sombra impecable que caía cabeza abajo en perfecta vertical, con su traje gris bien abrochado y los brazos pegados a los costados, tocado, como lo más natural del mundo, con extemporáneo bombín, hizo la mueca propia del enemigo de diminutivos. «¡Eh, paisano! —gritó Gibreel, provocando otra mueca invertida—. ¡Es el mismo Londres, chico! ¡Allá vamos! Esos cabritos de ahí abajo no sabrán lo que se les vino encima, si un meteoro, un rayo o la venganza de Dios. Llovidos del cielo, muñeca. ¡Puummmmba! Cras, ¿eh? ¡Qué entrada, Yyyaaa! Yo te digo… Flas.»

Llovidos del cielo: un big bang seguido de catarata de estrellas. Un principio de Universo, un eco en miniatura del nacimiento del tiempo… el jumbo Bostan, vuelo AI-420 de la Air India, estalló sin previo aviso a gran altura sobre la grande, putrefacta, hermosa, nivea y resplandeciente ciudad de Mahagonny, Babilonia, Alphaville. Claro que Gibreel ya ha pronunciado su nombre, de manera que yo no puedo interferir: el mismo Londres, capital de Vilayet, parpadeaba, centelleaba y se mecía en la noche. Mientras, a una altura de Himalaya, un sol fugaz y prematuro estallaba en el aire cristalino de enero, un punto desaparecía de las pantallas de radar y el aire transparente se llenaba de cuerpos que descendían del Everest de la catástrofe a la láctea palidez del mar.

¿Quién soy yo?

¿Quién más está ahí?

Este no es el primer ataque que recibe Rushdie de parte de extremistas islámicos. "Los versos satánicos" fue víctima de censuras, prohibiciones, amenazas de bomba y atentados con víctimas fatales. (AP Photo)Este no es el primer ataque que recibe Rushdie de parte de extremistas islámicos. «Los versos satánicos» fue víctima de censuras, prohibiciones, amenazas de bomba y atentados con víctimas fatales. (AP Photo)

El avión se partió por la mitad, como vaina que suelta las semillas, huevo que descubre su misterio. Dos actores, Gibreel, el de las piruetas, y el abotonado y circunspecto Mr. Saladin Chamcha, caían cual briznas de tabaco de un viejo cigarro roto. Encima, detrás, debajo de ellos, planeaban en el vacío butacas reclinables, auriculares estéreo, carritos de bebidas, recipientes de los efectos del malestar provocado por la locomoción, tarjetas de desembarque, juegos de vídeo libres de aduana, gorras con galones, vasos de papel, mantas, máscaras de oxígeno… Y también —porque a bordo del aparato viajaban no pocos emigrantes, sí, un número considerable de esposas que habían sido interrogadas, por razonables y concienzudos funcionarios, acerca de la longitud y marcas distintivas de los genitales del marido, y un regular contingente de niños sobre cuya legitimidad el Gobierno británico había manifestado sus siempre razonables dudas—, también, mezclados con los restos del avión, no menos fragmentados ni menos absurdos, flotaban los desechos del alma, recuerdos rotos, yoes arrinconados, lenguas maternas cercenadas, intimidades violadas, chistes intraducibies, futuros extinguidos, amores perdidos, significado olvidado de palabras huecas y altisonantes, tierra, entorno natural, casa.

Un poco aturdidos por el estallido, Gibreel y Saladin bajaban como fardos soltados por una cigüeña distraída de pico flojo, y Chamcha, que caía cabeza abajo, en la posición recomendada para el feto que va a entrar en el cuello del útero, empezó a sentir una sorda irritación ante la resistencia del otro a caer con normalidad. Saladin descendía en picado mientras que Farishta abrazaba el aire, asiéndolo con brazos y piernas, con los ademanes del actor amanerado que desconoce las técnicas de la sobriedad. Abajo, cubiertas de nubes, esperaban su entrada las corrientes lentas y glaciales de la Manga inglesa, la zona señalada para su reencarnación marina.

«Oh, mis zapatos son japoneses —cantaba Gibreel, traduciendo al inglés la letra de la vieja canción, en semiinconsciente deferencia hacia la nación anfitriona que se precipitaba a su encuentro—, el pantalón, inglés, pues no faltaba más. En la cabeza, un gorro ruso rojo; mas el corazón sigue siendo indio, a pesar de todo.» Las nubes hervían, espumeantes, cada vez más cerca, y quizá fuera por aquella gran fantasmagoría de cúmulos y cumulonimbos, con sus tormentosas cúspides enhiestas a la luz del amanecer, quizá fuera el dúo (cantando el uno y abucheando el otro) o quizás el delirio provocado por la explosión que les evitaba apercibirse de lo inminente…, lo cierto es que los dos hombres, Gibreelsaladin Farischtachamcha, condenados a esta angelicodemoníaca caída sin fin pero efímera, no se dieron cuenta del momento en que empezaba el proceso de su transmutación. ¿Mutación?

Sí, señor; pero no casual. Allá arriba, en el aire-espacio, en ese campo blando e intangible que el siglo ha hecho viable y que se ha convertido en uno de sus lugares definitorios, la zona de la movilidad y de la guerra, la que empequeñece el planeta, la del vacío de poder, la más insegura y transitoria, ilusoria, discontinua y metamórfica —porque, cuando lo arrojas todo al aire, puede ocurrir cualquier cosa—, allá arriba, decía, se operaron, en unos actores delirantes, cambios que habrían alegrado el corazón del viejo Mr. Lamarck: bajo extrema presión ambiental, se adquirieron determinadas características.

¿Qué características respectivamente? Calma, ¿se han creído que la Creación se produce a marchas forzadas? Bien, pues la revelación tampoco… Echen una mirada a la pareja. ¿Observan algo extraño? Sólo dos hombres morenos en caída libre; la cosa no tiene nada de particular, pensarán, treparon demasiado, se pasaron, volaron muy cerca del sol, ¿no es eso? No es eso. Presten atención.

Mr. Saladin Chamcha, consternado por los sonidos que manaban de la boca de Gibreel Farishta, contraatacó con sus propios versos. Lo que Farishta oyó tremolar en el fantasmagórico aire nocturno era también una vieja canción, letra de Mr. James Thomson, mil setecientos a mil setecientos cuarenta y ocho. «… por orden del cielo —entonaba Chamcha con unos labios que el frío ponía patrióticamente rojos, blancos y azules— surgió del aaaazul… —Farishta, consternado, se desgañitaba cantando a los zapatos japoneses, los gorros rusos y los corazones inviolablemente subcontinentales, pero no conseguía ahogar la atronadora voz de Saladin— … y los ángeles de la guaaaarda entonaban el estribillo.»

Desengañémonos, era imposible que se oyeran mutuamente, y no digamos que conversaran y compitieran en el canto de esta manera. Acelerando hacia el planeta, con la atmósfera silbando alrededor, ¿cómo habían de oírse? Pero, desengañémonos nuevamente, se oían.

Se precipitaban hacia abajo y el frío invernal que les escarchaba las pestañas y amenazaba con helarles el corazón estaba a punto de despertarles de su ensueño exaltado, ya iban a percatarse del milagro del canto, de la lluvia de extremidades y de niños de la que ellos formaban parte y del horrible destino que subía a su encuentro cuando, empapándose y congelándose instantáneamente, se sumergieron en la ebullición glacial de las nubes.

ARCHIVO - Salman Rushdie asiste a la 68a ceremonia y cena benéfica del Premio Nacional del Libro, el 15 de noviembre de 2017 en Nueva York. (Foto por Evan Agostini/Invision/AP, archivo)ARCHIVO – Salman Rushdie asiste a la 68a ceremonia y cena benéfica del Premio Nacional del Libro, el 15 de noviembre de 2017 en Nueva York. (Foto por Evan Agostini/Invision/AP, archivo)

Se hallaban en lo que parecía ser un largo túnel vertical. Chamcha, atildado, envarado y todavía cabeza abajo, vio cómo Gibreel Farishta, con su camisa sport color púrpura, nadaba hacia él por aquel embudo con paredes de nube, y quiso gritar: «No te acerques, aléjate de mí», pero algo se lo impidió, un agudo cosquilleo que se iniciaba en sus intestinos, de manera que, en lugar de proferir palabras hostiles, abrió los brazos y Farishta nadó hacia ellos y quedaron abrazados cabeza con pie, y la fuerza de la colisión les hizo voltear y caer haciendo molinetes por el agujero que conducía al País de las Maravillas. Mientras se abrían paso, surgieron de la blancura una sucesión de formas nebulosas, en metamorfosis incesante de dioses en toros, mujeres en arañas y hombres en lobos. Nubes-criaturas híbridas se precipitaban hacia ellos, flores gigantes con pechos humanos colgadas de tallos carnosos, gatos alados y centauros, y Chamcha, en su aturdimiento, tenía la impresión de que también él había adquirido calidad nebulosa y metamórfica, híbrida, como si estuviera convirtiéndose en la persona cuya cabeza estaba inserta entre sus piernas y cuyas piernas se enlazaban alrededor de su largo y estirado cuello.

Aquella persona, empero, no tenía tiempo para tales fantasías; es más, era incapaz de entregarse al más nimio fantaseo. Y es que acababa de ver emerger del remolino de las nubes la figura de una seductora mujer de cierta edad, con sari de brocado verde y oro, brillante en la nariz y moño alto bien defendido por la laca de los embates del viento de las alturas, que viajaba cómodamente sentada en alfombra voladora. «Rekha Merchant — saludó Gibreel—, ¿acaso no has podido encontrar el camino del cielo?»

¡Impertinentes palabras para ser dichas a una muerta! Pero, en descargo del osado, puede aducirse su condición traumatizada y vertiginosa… Chamcha, agarrado a sus piernas, profirió una interrogación de perplejidad: «¿Qué diablos?»

«¿Tú no la ves? —gritó Gibreel—. ¿No ves su recondenada alfombra de Bokhara?»

No, no, Gibbo, susurró en sus oídos la voz de la mujer; no esperes que él confirme. Yo soy única y estrictamente para tus ojos, excremento de cerdo, mi bien. Con la muerte llega la sinceridad, amor, y ahora puedo llamarte por tu nombre.

La nebulosa Rekha murmuraba agrias trivialidades, pero Gibreel gritó otra vez a Chamcha: «Compa, ¿la ves o no la ves?»

Saladin Chamcha no veía, ni oía, ni decía nada. Gibreel se encaró con ella solo. «No debiste hacerlo —la reprendió—. No, señora. Es un pecado. Una enormidad.»

Oh, y ahora me riñes, rió ella. Ahora tú eres el que se da aires de moralidad, qué risa. Tú me dejaste, le recordó su voz al oído, como si le mordisqueara el lóbulo de la oreja. Fuiste tú, luna de mis delicias, el que se escondió en una nube. Y yo me quedé a oscuras, ciega, perdida por amor.

Él empezaba a tener miedo. «¿Qué quieres? No; no me lo digas, sólo márchate.»

Cuando estuviste enfermo, yo no podía ir a verte, por el escándalo; tú sabías que no podía, que me mantenía apartada por tu bien, pero después me castigaste, lo utilizaste de pretexto para marcharte, de nube para esconderte. Eso, y también a ella, la mujer de los hielos. Canalla. Ahora que estoy muerta he olvidado cómo se perdona. Yo te maldigo, mi Gibreel, que tu vida sea un infierno. Un infierno, porque ahí me mandaste, maldito seas, y de ahí viniste, demonio, y ahí vas, imbécil, que te aproveche la jodida zambullida. La maldición de Rekha y, después, unos versos en una lengua que él no entendía, secos y sibilantes, en los que repetidamente creyó distinguir, o tal vez no, el nombre de Al-Lat.

Gibreel se apretó contra Chamcha y salieron de las nubes. La velocidad, la sensación de velocidad volvió, silbando su nota escalofriante. El techo de nubes voló hacia lo alto, el suelo de agua se acercó y ellos abrieron los ojos. Un grito, el mismo grito que aleteaba en su vientre cuando Gibreel nadaba por el cielo, escapó de labios de Chamcha; un rayo de sol taladró su boca abierta liberándolo. Pero Chamcha y Farishta, que habían caído a través de las transformaciones de las nubes, también tenían contorno vago y difuso, y cuando la luz del sol dio en Chamcha, liberó algo más que un grito.

«Vuela —gritó Chamcha a Gibreel—. Echa a volar, ya.» Y, sin saber la razón, agregó lada orden: «Y canta.»

¿Cómo llega al mundo lo nuevo? ¿Cómo nace?

¿De qué fusiones, transubstanciaciones y conjunciones se forma?

¿Cómo sobrevive, siendo como es tan extremo y peligroso? ¿Qué compromisos, qué pactos, qué traiciones a su íntima naturaleza tiene que hacer para contener a la panda de demoledores, al ángel exterminador, a la guillotina?

¿Es siempre caída el nacimiento?

¿Tienen alas los ángeles? ¿Vuelan los hombres?

Quién es Salman Rushdie

♦ Nació en Bombay, India, en 1947.

♦ Es un escritor y ensayista británico-estadounidense de origen indio.

♦ Su segunda novela, Hijos de la medianoche, ganó el Premio Booker en 1981 y fue considerada «la mejor novela de todas las ganadoras» en dos ocasiones, con motivo del 25 y el 40 aniversario del premio.

♦ Recibió amenazas de muerte a causa de su cuarta novela, Los versos satánicos, incluida una fatwā que pedía su asesinato, emitida por el ayatolá Ruhollah Jomeiní, entonces líder supremo de Irán.

Continuar Leyendo

Ciencia y Tecnología

Un Tesla fuera de control mató a dos personas en China

Avatar

Publicado

en

El conductor intentaba aparcar su Model-Y cuando el vehículo salió a toda velocidad por dos kilómetros, chocando contra dos motocicletas y dos bicicletas

Un hombre de 55 años identificado como Zhan protagonizó un accidente fatal en Chaozhou, provincia de Guangdong, en el sur de China, cuando perdió el control de su auto Tesla, dejando dos muertos y tres heridos. Mientras las autoridades investigan el hecho, la compañía de Elon Musk aseguró que colaborará en las pesquisas.

El hecho, ocurrido el pasado 5 de noviembre, se saldó con la muerte de un motociclista y una estudiante de secundaria, según informó la cadena Jimu News, que publicó un video en el que se ve cómo un cauto Tesla modelo Model-Y circula a gran velocidad totalmente fuera de control y choca contra otros vehículos y un ciclista.

“La policía está buscando actualmente una agencia de evaluación de terceros para identificar la verdad detrás de este accidente y proporcionaremos activamente cualquier asistencia necesaria”, prometió el fabricante de vehículos eléctricos a la agencia Reuters mientras crece la polémica.

China es el segundo mercado más grande de Tesla, y el accidente -y un posible fallo en el software- fue uno de los principales temas de tendencia en la plataforma de medios sociales Weibo el domingo.

La policía de tráfico local informó que la causa del incidente en la ciudad de Chaozhou aun no ha sido identificada pero familiares del conductor involucrado aseguraron que tuvo problemas con el pedal del freno cuando estaba a punto de aparcar frente a su tienda familiar.

En las imágenes se puede observar el momento en que el conductor intenta estacionar su auto Model-Y. Pero inmediatamente pierde el control y comienza a circular a gran velocidad durante dos kilómetros, chocando contra dos motocicletas y dos bicicletas.

La familia de Zhan sigue esperando los resultados del peritaje del vehículo.

Tesla dijo que los videos muestran que las luces de freno del coche no estaban encendidas cuando iba a toda velocidad y que sus datos mostraban problemas como que no se pisaban los frenos durante todo el recorrido del vehículo.

Por su parte, la policía de tráfico descartó la posibilidad de que Zhan condujera bajo los efectos de las drogas y el alcohol, y señaló que el vehículo sería sometido a pruebas.

Un usuario de Weibo, identificado como Zhanqiubi, y declarado como familiar del propietario del Tesla implicado, dijo que Zhan no pudo aparcar porque el pedal del freno “estaba duro y no pudo detener el vehículo después de pulsar el botón de aparcamiento”. Cuando el auto se puso en marcha, empezó a acelerar repentinamente y ya no pudo frenar.

Tesla, empresa de Elon Musk, dijo que colaborará con las autoridades chinas (REUTERS/Aly Song)Tesla, empresa de Elon Musk, dijo que colaborará con las autoridades chinas (REUTERS/Aly Song)

La Corporación de Radiodifusión de Jiangsu informó el 7 de noviembre en Weibo que un propietario de un Tesla, identificado como Jing, en Nanjing, provincia de Jiangsu, al este de China, también perdió el control de su automóvil eléctrico durante unos 1,8 kilómetros y fue frenado a la fuerza al tocar los bordes de las carreteras y el puente.

El centro de Tesla en Nanjing indicó que la velocidad máxima alcanzó los 150 kilómetros por hora durante el accidente, y que el interruptor eléctrico estaba pisado sin frenos, mientras que Jing subrayó que había pisado los frenos.

Continuar Leyendo

Deportes

En Qatar las temperaturas pueden llegar a los 40°C con facilidad, con una sensación térmica de hasta 50°C

Avatar

Publicado

en

Qatar, la sede del Mundial de Futbol 2022, se caracteriza por tener veranos largos, tórridos y áridos, por lo que no es de extrañarse que esta vez el evento deportivo más esperado por los aficionados al fútbol se haya tenido que recorrer a la temporada de otoño para la comodidad de las 32 selecciones y los millones de hinchas que acuden a la justa para apoyar a sus países.

Y es que si el Mundial de Qatar 2022 se hubiera disputado entre los meses de junio y julio, como tradicionalmente se hace, los jugadores y los aficionados se habrían sometido a temperaturas superiores a los 40 grados, con una sensación térmica de hasta 50°C.

Por el contrario, con el movimiento de fecha para que el evento se realice en los dos últimos meses del año se espera que sea más fácil el acoplamiento, con temperaturas que se espera oscilan entre los 15° y 30°C.

Sin embargo, en la era del cambio climático un cálido día puede convertirse rápidamente en uno frío, por lo que cada vez es más común que ante las variaciones de la temperatura las personas traten de estar prevenidas, y más cuando se trata de asistir a eventos deportivos al aire libre.

Con más aficionados llegando al país árabe y la cuenta regresiva llegando a su final, aquí te dejamos el pronóstico del clima para este lunes 14 de noviembre:

Se espera que hoy en Doha la temperatura máxima llegue a los 31 grados centígrados y una mínima de 24 grados centígrados.

En cuanto a la lluvia, la probabilidad de precipitaciones para esta ciudad son del 0% durante todo el día. En el mismo sentido, se prevé nubosidad del 2% en el día, pero un cielo despejado por la noche.

Las ráfagas de viento alcanzarán los 37 kilómetros por hora en el día y los 30 kilómetros por hora en la noche.

En cuanto a los cuidados que hay que tener con el sol, se estima que los rayos ultravioleta alcancen un nivel de 4, lo que significa que hay un “riesgo moderado” y se recomienda el uso de bloqueador.

Continuar Leyendo

Argentina

Lionel Messi llegó a Abu Dhabi para sumarse a la selección argentina de cara al Mundial de Qatar

Avatar

Publicado

en

El capitán arribó a la capital de Emiratos Árabes Unidos junto a Leandro Paredes y Ángel Di Maria

Después de jugar 74 minutos en la goleada del PSG ante el Auxerre por la Ligue 1, Lionel Messi tomó un vuelo con destino a Abu Dhabi. ¿El motivo? Llegó el momento tan esperado para el astro rosarino y el resto de los jugadores de la selección argentina. Cuando restan solo ocho días para el debut ante Arabia Saudita por el Grupo C, el capitán y emblema de la Albiceleste ya se sumó al resto de los futbolistas que desembarcaron en Emiratos Árabes Unidos.

Messi no llegó sólo para sumarse a la concentración argentina. Lo hizo junto a sus dos ex compañeros en el conjunto parisino, Leandro Paredes y Ángel Di María, que hoy militan en la Juventus de Italia. Ambos vieron minutos en el triunfo 3-0 de la Vecchia Sirona ante Lazio por la Serie A. En su llegada, el trío fue recibido por el presidente de la AFA, Claudio Tapia, y varios colaboradores del cuerpo técnico y médico del seleccionado.

De cara a lo que será el último amistoso de Argentina antes del estreno mundialista del 22 de noviembre, este miércoles a las 12.30 (hora argentina) ante el combinado nacional local, el entrenador Lionel Scaloni va sumando a los convocados para la Copa del Mundo. Es que después de la llegada de Franco Armani -el arquero de River Plate viajó con el DT y el resto de la delegación nacional, más Federico Gomes Gerth, el arquero juvenil de Tigre que será el único sparring-, se sumaron Guido Rodríguez y Germán Pezzella, provenientes del Betis.

Este domingo aterrizaron Cuti Romero, Julián Álvarez, Rodrigo De Paul, Nahuel Molina, Gerónimo Rulli y Juan Foyth. Y en las próximas horas se espera que continúen llegando el resto de los futbolistas. Los primeros que se esperarán serán Nicolás Tagliafico y Exequiel Palacios.

El capitán de la selección argentina llegó a Emiratos Árabes (@Argentina)El capitán de la selección argentina llegó a Emiratos Árabes (@Argentina)

Con estos 14 futbolistas, la selección argentina tendrá hoy un entrenamiento abierto en el estadio Al Nahyan desde las 11 (hora argentina) con más de 10 mil personas que agotaron rápidamente las localidades.

Continuar Leyendo
Anuncio

Facebook

Tendencias