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El número de personas en situación de pobreza en las metrópolis brasileñas saltó a un récord de 19,8 millones de personas en 2021, el mayor nivel desde que en 2012 se empezaron a analizar los datos de las 22 mayores ciudades del país, según un estudio.

Los datos, presentados por la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul (PUCRS), el Observatorio de las Metrópolis y la Red de Observatorios de la Deuda Social en América Latina (RedODSAL) muestran un aumento de 3,8 millones de personas en situación de pobreza el año pasado respecto a 2020.

Los 19,8 millones de personas en situación de pobreza en las grandes ciudades brasileñas representan el 23,7 por ciento de toda la población que vive en estas metrópolis, cifra también récord.

Los motivos del aumento de la pobreza son atribuidos al fin del auxilio de emergencia, concedido por el gobierno a los más pobres para enfrentar la pandemia, el aumento de la inflación y la lenta retomada del mercado de trabajo. Según los responsables del informe, Brasil ya daba muestras de dificultades en el combate a la pobreza desde 2014, y con la llegada de la pandemia en 2020, el problema empeoró.

«La crisis ya veía preparándose. Estábamos en una situación muy mala, y encima, vino la pandemia», explicó André Salata, profesor de Ciencias Sociales de la PUCRS.

El boletín utilizó los criterios del Banco Mundial para definir los parámetros de pobreza y extrema pobreza. En valores convertidos a reales, la línea de pobreza fue establecida en menos de 465 reales (91 dólares) mensuales por cápita, mientras que la de extrema pobreza fue para los que ganaban menos de 160 reales (31 dólares) mensuales por cápita.

El total de personas en extrema pobreza en las regiones metropolitanas de Brasil llegó a los 5,3 millones, equivalente al 6,3 por ciento de la población de estas metrópolis y que representa un aumento de 1,6 millones respecto a 2020.

Las regiones metropolitanas con mayores tasas de pobreza fueron Manaus (41,8 por ciento) y Sao Luis (40,1 por ciento), las únicas que superaron el 40 por ciento, mientras que las menores fueron Florianópolis (9,9 por ciento) y Porto Alegre (11,4 por ciento).

Azota el coronavirus

Brasil superó las 680.000 muertes a causa de la enfermedad del nuevo coronavirus (COVID-19), tras registrar 170 decesos por la pandemia en las últimas 24 horas y totalizar 680.166 fallecimientos en lo que va de la crisis sanitaria en el país.

Según el reporte de este lunes del Ministerio de Salud, se registraron además 17.409 contagios en el último día, para un total de 34.035.780 positivos.

Con estos datos, Brasil se confirma como el segundo país con mayor número de muertes por la enfermedad, detrás de los Estados Unidos, y el tercero en cantidad de contagios, después de ese país americano y la India.

El estado más afectado de Brasil es Sao Paulo (sureste), el más poblado del país con 46 millones de habitantes, que registra 173.346 muertos y 5.950.313 casos positivos detectados.

El promedio diario de muertes se encuentra arriba de las 200 desde inicios de julio y este lunes se ubicó en 207, mientras que el de contagios es de 25.688.

Hasta el momento, Brasil, la mayor economía latinoamericana, inmunizó contra el Covid-19 a 169.227.571 habitantes, el 78,7 por ciento de la población, de acuerdo con datos oficiales divulgados por la prensa local.

Inflación

El mercado financiero brasileño redujo de 7,15 a 7,11 por ciento su previsión de inflación para este año, la sexta reducción semanal consecutiva, al tiempo que la modificó de 5,33 a 5,36 por ciento para 2023, divulgó el Banco Central de Brasil.

De acuerdo con la encuesta Focus realizada por la entidad central entre las principales instituciones financieras del país, la expectativa de inflación medida por el índice de precios al consumidor hace cuatro semanas era de 7,67 por ciento para al cierre de año y de 5,09 por ciento para 2023.

La meta oficial es de una inflación de 3,50 por ciento en 2022 y de 3,25 por ciento en 2023, en ambos casos con 1,5 puntos porcentuales de margen de tolerancia.  Respecto al Producto Interno Bruto (PIB), los analistas del mercado elevaron la previsión de crecimiento de 1,97 a 1,98 por ciento este año y la mantuvieron en 0,40 por ciento para el próximo.

En cuanto a la tasa básica de interés de referencia Selic, el mercado espera que se mantenga sin cambio hasta fines de año, indicador que en la actualidad se ubica en 13,75 por ciento anual, mientras que proyecta que disminuya de manera gradual hasta cerrar en 11 por ciento en 2023.

Por lo que toca al mercado de cambio de la moneda brasileña, que en la actualidad se cotiza en 5,13 reales por dólar, la estimación se situó en 5,20 unidades por divisa estadounidense, tanto a fin de año como el venidero.

A su vez, la proyección de la balanza comercial (exportaciones e importaciones) se ubicó en 68.030 millones de dólares en 2022 y en 60.000 millones de dólares en 2023.

La previsión para la entrada de inversiones extranjeras directas en Brasil se situó en 57.200 millones de dólares en 2022 y en 61.000 millones de dólares en 2023.

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Internacional

Putin moviliza más tropas hacia Ucrania y amenaza a Occidente

El presidente de Rusia acusa a Occidente de «chantaje nuclear».

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Putin moviliza más tropas hacia Ucrania y amenaza a Occidente

El presidente ruso, Vladimir Putin, convocó el miércoles a 300.000 reservistas para luchar en Ucrania y respaldó un plan para anexar partes del país, insinuando a Occidente que estaba preparado para usar armas nucleares en la defensa de su país.

Esta fue la primera movilización de este tipo de Rusia desde la Segunda Guerra Mundial y significó la mayor escalada de la guerra de Ucrania desde la invasión de Moscú el 24 de febrero.

Siguió a las crecientes bajas y reveses en el campo de batalla de las fuerzas rusas, que fueron expulsadas de las áreas que habían capturado en el noreste de Ucrania en una contraofensiva ucraniana este mes y están empantanadas en el sur.

En un discurso a la nación rusa, Putin afirmó: «Si la integridad territorial de nuestro país se ve amenazada, utilizaremos todos los medios disponibles para proteger a nuestro pueblo, esto no es un engaño. Rusia tenía muchas armas para responder».

Ucrania y sus aliados occidentales respondieron diciendo que la medida mostraba que la campaña de Rusia en Ucrania estaba fallando y a partir de esto, los aliados prometieron más apoyo al gobierno del presidente Volodímir Zelenski.

El ministro de defensa de Rusia precisó que la movilización parcial traería a 300.000 reservistas con experiencia militar previa.

Aunque Rusia estuvo involucrada en una serie de conflictos desde la Segunda Guerra Mundial, esta fue la primera convocatoria de este tipo desde entonces. El asesor presidencial ucraniano, Mykhailo Podolyak, admitió que era un paso predecible que resultaría extremadamente impopular.

«Atractivo absolutamente predecible, que parece más un intento de justificar su propio fracaso. La guerra claramente no va de acuerdo con el escenario de Rusia», interpretó Podolyak cuando fue consultado por la agencia Reuters.

Antes del discurso de Putin, los líderes mundiales reunidos en las Naciones Unidas en Nueva York denunciaron la invasión rusa de Ucrania y los planes para que cuatro regiones ocupadas celebren referéndums en los próximos días para unirse a Rusia.

Putin dijo que la movilización parcial de sus 2 millones de reservistas militares fue para defender a Rusia y sus territorios ya que Occidente no quería la paz en Ucrania. Acusó a Washington, Londres, Bruselas de presionar a Kiev para que «transfiera las operaciones militares a nuestro territorio». 

Ucrania ha atacado esporádicamente objetivos dentro de Rusia durante el conflicto, utilizando armas de largo alcance suministradas por Occidente. «También se ha utilizado el chantaje nuclear», dijo Putin, citando la planta de energía nuclear Zaporoyia de Ucrania. Rusia y Ucrania se acusaron mutuamente de poner en peligro la planta en los combates.

También acusó a los funcionarios de los países de la OTAN de hacer declaraciones sobre «la posibilidad y admisibilidad de usar armas de destrucción masiva contra Rusia: armas nucleares».

“Quiero recordarles que nuestro país también cuenta con diversos medios de destrucción, y en algunos componentes más modernos que los de los países de la OTAN”, dijo.

«El yugo de Ucrania»

Putin reafirmó que su objetivo era «liberar» el Donbass, el corazón industrial de Ucrania, y dijo que la mayoría de la gente no quería volver a lo que llamó el «yugo» de Ucrania.

En un movimiento aparentemente coordinado, los líderes regionales prorrusos anunciaron el martes referéndums del 23 al 27 de septiembre en las provincias de Lugansk, Donetsk, Kherson y Zaporiyia, que representan alrededor del 15% del territorio ucraniano.

Rusia ya considera a Lugansk y Donetsk, que juntos forman la región de Donbas que Moscú ocupó parcialmente en 2014, como estados independientes. Ucrania y Occidente consideran que todas las partes de Ucrania en poder de las fuerzas rusas están ocupadas ilegalmente.

Rusia ahora posee alrededor del 60% de Donetsk y había capturado casi todo Lugansk en julio después de lentos avances durante meses de intensos combates.

Esas ganancias ahora están amenazadas después de que las fuerzas rusas fueran expulsadas de la vecina provincia de Kharkiv este mes, perdiendo el control de sus principales líneas de suministro para gran parte de los frentes de Donetsk y Lugansk.

Malestar y protestas en Rusia

La oposición rusa convocó protestas callejeras contra la orden de movilización de Putin.

Alexei Navalny, el líder opositor más destacado de Rusia que actualmente está en prisión, dijo que Putin estaba enviando a más rusos a la muerte por una guerra fallida.

La coalición contra la guerra Vesna publicó: «Esto significa que miles de hombres rusos, nuestros padres, hermanos y esposos, serán arrojados a la picadora de carne de la guerra. Ahora la guerra ha llegado a todos los hogares y a todas las familias».

El ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu, dijo el miércoles que 5.937 soldados rusos habían muerto desde el comienzo del conflicto. Pero los Estados Unidos estimó en julio el número de muertos en Rusia en alrededor de 15.000, en tanto que Ucrania contabiliza un número que se acerca a los 60 mil.

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Internacional

Se enamoró de un preso por carta y se casaron él la mató a golpes frente a los invitados de la boda

Stepan estaba en la cárcel condenado por un crimen. Cuando salió de prisión se casó con Oksana, pero la fiesta se convirtió en un brutal asesinato. El femicida nunca se arrepintió y fue condenado a 18 años

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Se enamoró de un preso por carta y se casaron él la mató a golpes frente a los invitados de la boda

Oksana Poludentseva, de 36 años, era una mujer soltera. No había tenido parejas en los últimos años y se sentía sola en su casa de una pequeña aldea rusa llamada Chik. Allí los inviernos son muy largos y para paliar los silencios de la estepa, la joven rusa comenzó a cartearse con un hombre que estaba preso, condenado por un asesinato. Stepan Dolgikh, de 35 años, respondió los textos desde su celda. Había comenzado una historia que derivaría en un femicidio de terror.

Un amigo de Oksana contó que la chica “lo amaba y esperó con ansiedad su liberación para poder casarse y arrancar una vida juntos en la aldea rusa, en su propia casa”. El día que Stepan cumplió su condena, Oksana fue a esperarlo a la puerta de la cárcel y lo llevó directo a su pueblo. Allí, la pareja parecía conocerse de antemano por todas las cartas que ya se habían escrito, repletas de confesiones y promesas de amor.

El sueño de Oksana

Tras un tiempo breve de noviazgo, Oksana y Stepan decidieron casarse para sellar su amor para siempre. Según amigos de la mujer, durante el noviazgo nada hacía pensar que “podría pasar lo que pasó. No hubo ningún indicio o gesto de violencia de él hacia ella en ningún momento. O al menos no pudimos verlo”.

Los novios dieron el sí en una Iglesia Ortodoxa de Chik, el pueblo rusoLos novios dieron el sí en una Iglesia Ortodoxa de Chik, el pueblo ruso

Llegó el día del casamiento y la pareja se había vestido para la ocasión. Ella de blanco y él con el mejor traje que pudo conseguir en la aldea rusa. Casi todo el pueblo estaba invitado a la fiesta. Una ceremonia que por motivos trágicos les quedaría grabada para siempre en sus retinas.

Los novios dieron el sí en una Iglesia Ortodoxa de Chik, el pueblo ruso. El sacerdote le colocó a Oksana y Stepan las coronas atadas con un listón para unir las dos almas y demostrar así que la pareja está preparada para establecer su propio reino como cabezas de una nueva familia.

Luego, el religioso tomó las coronas, se colocó detrás de los novios y los bendijo intercambiando las coronas 3 veces. Oksana y Stepan bebieron tres sorbos de la misma copa de vino, lo simboliza que a partir de ese momento compartirán todo en sus vidas.

Ya con los anillos puestos, las manos de la pareja fueron unidas por el cura y se mantuvieron así hasta el final de la ceremonia. La chica rusa estaba cumpliendo el sueño de su vida. Entonces, salieron y una lluvia de arroz cayó sobre ellos. Se subieron a un auto que los esperaba en la puerta. De allí, se dirigieron a la fiesta que se realizaría en una casa de la aldea para un grupo pequeño de invitados.

Stepan arrojó el cuerpo de Oksana en un barranco de la fría estepa rusaStepan arrojó el cuerpo de Oksana en un barranco de la fría estepa rusa

Fiesta rojo sangre

Al llegar al lugar de la fiesta, nada hacía prever lo que iba a suceder menos de una hora de iniciado la reunión. Algo puso nervioso a Stepan. La excusa fue que Oksana había mirado o sonreído a un invitado más de la cuenta. Esa fue la excusa que usó el femicida para iniciar una andanada de golpes que terminarían con la vida de la novia.

Los testigos de la boda de sangre dijeron que Stepan empezó a patear y golpear a la mujer tras recriminarle por una sonrisa “de más de Oksana con un invitado”. Entonces, la golpeó en forma salvaje, dijo el investigador jefe del caso, el policía ruso Kirill Petrushin.

“La agarró del cabello, la golpeó, la empujó hacia la calle, donde también siguió pateándole el cuerpo y la cabeza”, agregó el policía ruso a cargo de la investigación. Tras cometer el crimen, el femicida arrastró el cuerpo ensangrentado de Oksana para tirarlo en un barranco cercano en la fría estepa rusa. Todo esto, mientras los invitados miraban por la ventana de la casa en la que se había realizado la reunión tras la ceremonia.

El suceso ocurrió solo un par de horas después de que la pareja intercambiara votos en su boda. Según los informes, los invitados estaban demasiado asustados para intervenir, pero llamaron a la policía. Ya era tarde para Oksana que había sido asesinada en el día de su casamiento.

El novio fue detenido en el lugar por la Guardia Nacional RusaEl novio fue detenido en el lugar por la Guardia Nacional Rusa

Condena sin arrepentimiento

El novio fue detenido en el lugar por la Guardia Nacional Rusa. Tenía las manos y el traje empapados de sangre de su novia y de sus propios nudillos lastimados por los golpes que le dio a la mujer. “La golpeó durante mucho tiempo, frente a testigos, y golpeó sus órganos vitales, en el torso y la cabeza”, dijo el policía que llevó adelante la investigación por el femicidio.

Apenas fue detenido, Stepan admitió completamente su culpabilidad durante la investigación pero nunca mostró arrepentimiento. “Todo lo desencadenó una mirada o una sonrisa de Oksana a un invitado -dijo el policía ruso Petrushin-. El femicida lo usó como una cruel excusa para golpear y patear a su esposa hasta matarla frente a los invitados de la fiesta. Ningún invitado se animó a intervenir. Tuvieron miedo por la violencia y los gritos que daba el novio cuando atacaba a Oksana”.

Stepan fue condenado a 18 años de prisión tras un juicio breve que contó con decenas de testigos y la confesión del femicida. La joven rusa quedó inconsciente tras los golpes que recibió en la cabeza. Y según la autopsia, las patadas en el torax fueron mortales. El femicida siguió golpeando a un cuerpo ya muerto durante varios largos minutos. Luego arrastró el cádaver de la novia por las calles desiertas de la aldea rusa y la arrojó en el primer barranco que encontró. Todo ante la mirada de los invitados que del terror quedaron paralizados. Los restos de Oksana fueron a dar contra las piedras frías de la estepa rusa, mientras Stepan confesaba al crimen ante la policía.

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Internacional

La guerra que Putin quería ganar en 72 horas cumple seis meses

El plan de quedarse con Ucrania en una operación de apenas tres días fracasó estrepitosamente. Ahora la guerra se encuentra estancada, en el marco de una pugna entre concepciones autoritarias y democráticas y la permanente amenaza nuclear

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La guerra que Putin quería ganar en 72 horas cumple seis meses

“Tres días. En tres días esto se acaba”. Vladimir Putin estaba convencido. Sus generales le habían presentado un detallado plan en la sala de situación del Kremlin que él había escuchado con cierto desdén. Pensaba que todo eso era demasiado. No era necesario. Para conquistar Ucrania apenas necesitaría 72 horas y unos cuantos buenos agentes especiales que llegaran al palacio de gobierno en Kyiv y se deshicieran del “títere de Occidente”, el presidente Volodymyr Zelensky. En ese momento, de acuerdo a su desvarío, entraría en escena el ex presidente ucraniano, Víktor Yanukóvich, un traidor que esperaba en Minsk, la capital bielorrusa, a que le dieran la orden de ocupar el asiento. El resto eran unos cuantos muertos, muchos encarcelados y otros pocos exiliados para que Ucrania volviera a formar parte de la Gran Madre Rusia, el sueño imperialista de Putin.

Más allá del optimismo inaudito de Putin, el plan militar diseñado por los generales del Kremlin era bastante simple. Los rusos llegarían desde el norte, a ambos lados de Kyiv. Una fuerza se movería al este de la capital a través de la ciudad ucraniana de Chernihiv, mientras que la otra flanquearía la capital por el oeste, empujando hacia el sur desde Bielorrusia a través de una brecha natural entre la “zona de exclusión” de la planta nuclear abandonada de Chernóbil y los pantanos circundantes. El ataque se produciría en invierno, de modo que la tierra dura haría el terreno fácilmente transitable para los tanques. Los Spetsnaz, las fuerzas especiales, encontrarían y eliminarían al presidente Zelensky, e instalarían un gobierno favorable al Kremlin.

El plan también decía que desde el este, las fuerzas rusas atravesarían el centro de Ucrania hasta el río Dniéper, mientras que las tropas de Crimea tomarían la costa sureste. Estas acciones podrían durar varias semanas, pero se realizarían sin mayor resistencia ya que el control central del ejército ucraniano estaría quebrado. Después de hacer una pausa para reagruparse y rearmarse, empujarían hacia el oeste, hacia una línea norte-sur que se extendería desde Moldavia hasta el oeste de Bielorrusia, dejando un estado ucraniano en el oeste – un área que en el cálculo de Putin estaba poblada por irremediables rusófobos neonazis.

Zelensky homenajea a los caídos en acción. Ucrania reconoció el lunes que cerca de 9.000 soldados ucranianos habían muerto desde el inicio de la invasión rusa hace seis meses, en un conflicto sin visos de terminar, que ya ha causado importantes daños humanos y materiales. (Laetitia Peron/AFP)Zelensky homenajea a los caídos en acción. Ucrania reconoció el lunes que cerca de 9.000 soldados ucranianos habían muerto desde el inicio de la invasión rusa hace seis meses, en un conflicto sin visos de terminar, que ya ha causado importantes daños humanos y materiales. (Laetitia Peron/AFP)

“Para la Federación Rusa, éramos como un apéndice que había que extirpar, pero no lo entendían”, explicó la semana pasada en una entrevista con el Washington Post el presidente Zelensky. “Pensaban que éramos un apéndice, pero resultamos ser el corazón de Europa. Y hemos hecho latir este corazón. Estos países se han unido en torno a nosotros, no sólo gracias a nosotros, sino también porque la sociedad de estos países no estaba dispuesta a renunciar al concepto de libertad simplemente porque se trata de Putin, al que se teme y se ha demonizado en Occidente. El propio Occidente lo demonizó, lo pintaron como algo muy terrible, con un arma nuclear en sus manos. A veces nosotros también tenemos miedo, pero Ucrania demostró que el diablo no es tan temible como lo pintan”.

Seis meses después de ese fatídico 24 de febrero en el que Putin dio la orden de movilización para los 100 batallones tácticos con 175.000 soldados que había acumulado en las fronteras ucranianas, el plan del Kremlin resultó en un fracaso estrepitoso. Las 72 horas se convirtieron en 180 días, al menos 50.000 soldados rusos muertos (probablemente la cifra esté más cerca de 80.000) y otro tanto de ucranianos civiles y militares, cientos de miles de heridos, cinco millones de refugiados en otros países europeos y tres millones de desplazados internos, algunos de los crímenes más atroces de los últimos años en un campo de guerra, interrupción de la cadena de suministros de alimentos en los países más necesitados de Medio Oriente y de energía en Europa. También apareció y sorprendió al mundo una notable resiliencia de los ucranianos, la increíble resistencia de fuerzas tan desiguales, la impronta de lo que parecía ser un presidente accidental como Zelensky que se convirtió en un ejemplo global a seguir y la unidad occidental para ayudar a los ucranianos a detener la sinrazón de esa pesadilla imperial fascista encarnada por Putin.

El presidente estadounidense Joe Biden acababa de sacar a Estados Unidos de su guerra más prolongada en Afganistán y no estaba dispuesto a ninguna intervención directa o indirecta. Pero se dio cuenta que, si no detenía a Putin allí en las planicies de los cosacos, este era capaz de continuar su alocada carrera hasta el Canal de la Mancha y arrasar con media Europa. Entregó 10.400 millones de dólares en ayuda militar y algunas de las armas más sofisticadas de su arsenal. Lo hizo todo con un cuidado extremo para evitar que se haga realidad el fantasma que agita permanentemente Moscú de una guerra nuclear que termine con buena parte de la vida en el planeta. Fue mucho más efectivo que Alemania, por ejemplo, que está a las puertas del escenario bélico y que dio vueltas y las sigue dando para entregar armas a los combatientes ucranianos. Tampoco estuvo a la altura el presidente francés, Emmanuel Macron que quiso jugar de intermediario y pacificador hasta que la realidad le indicó que nada de eso era posible con un Putin obstinado en llegar hasta las últimas consecuencias. Macron había caído en lo que Jeremy Cliffe del New Statesman, define como “el fácil optimismo de los años inmediatamente posteriores a la Guerra Fría”.

Mujer ucraniana escapando de los combates en Mariupol y dejando atrás la imagen de la planta de Azovstal, donde resistieron las fuerzas ucranianas por tres meses. (AFP)Mujer ucraniana escapando de los combates en Mariupol y dejando atrás la imagen de la planta de Azovstal, donde resistieron las fuerzas ucranianas por tres meses. (AFP)

La invasión golpeó la cara de Macron y del canciller alemán Olaf Scholtz, entre otros. Y les mostró que por debajo de esta invasión hay mucho más en juego. Es una guerra mundial entre la democracia y la autocracia. Biden lo puso así: se está librando una “gran batalla por la libertad… entre la libertad y la represión, entre un orden basado en normas y otro gobernado por la fuerza bruta”. Putin lo ve como un intento por parte de la OTAN, la alianza militar occidental, para expandirse hacia el este y poner en peligro la seguridad rusa. Cree que se trata de una alianza “anti-Rusia” en territorios que eran “nuestra tierra histórica”. Y que es su deber “redimir la tragedia de la caída de la Unión Soviética”, que, según él, alteró “el equilibrio de fuerzas en el mundo”. Muchos le creen. Hasta el Papa Bergoglio dio a entender que la guerra fue provocada por Occidente al pretender expandir la influencia de la OTAN. Un pensamiento seguido por los otros poderes antioccidentales: China, Irán, Norcorea, los bolivarianos y populistas latinoamericanos.

El 4 de abril, cuarenta días después de la invasión, la guerra tuvo un vuelco definitivo. Las fuerzas rusas quedaron estancadas en el oeste y norte de Kyiv, con la línea de suministros cortada y la moral de los soldados esmerilada. Ese día tuvieron que abandonar Bucha, su último reducto en las afueras de la capital ucraniana. Dejaron al descubierto más de 400 cadáveres de civiles torturados, desmembrados, fusilados por la espalda, cientos de mujeres violadas y mutiladas, decenas de niños arrojados en fosas comunes. El mundo fue sacudido por el horror. El rostro transformado de Zelensky viendo lo sucedido dio cuenta de que nada sería igual desde ese momento para Ucrania ni para el mundo. Macron tuvo que admitir que no había diálogo posible. La negra sombra de la maldad lo había cubierto todo.

Lo que vino después fue más de lo mismo. Unos 20.000 chicos ucranianos desaparecidos en el sistema ruso, muchos de ellos directamente robados a sus padres y familiares y entregados a parejas rusas para reeducarlos. El bombardeo indiscriminado de ciudades como ocurrió en Mariupol donde el 70% de los edificios fueron destruidos. La batalla por el control de la acería de Azovstal, en esa misma ciudad, que mostró la voluntad de resistencia de los combatientes ucranianos con la consecuencia del asesinato de más de la mitad de los 2.500 prisioneros de guerra tomados en la rendición, que fueron quemados vivos en una prisión del Donbás dos meses más tarde.

Vladimir Putin tiene aspiraciones de recrear un imperio ruso en las fronteras de la antigua Unión Soviética. Está convencido de que Ucrania debe regresar a formar parte de la Gran Madre Patria Rusa. (Reuters/Kremlin)Vladimir Putin tiene aspiraciones de recrear un imperio ruso en las fronteras de la antigua Unión Soviética. Está convencido de que Ucrania debe regresar a formar parte de la Gran Madre Patria Rusa. (Reuters/Kremlin)

Los europeos del norte y el este terminaron por entender que sólo una alianza fuerte entre ellos y el resto de los occidentales globales podrían formar la defensa suficientemente resistente para detener los delirios putinescos. Suecia y Finlandia se pusieron bajo el paraguas de la OTAN, Ucrania fue admitida, finalmente -reparando un grave error histórico- como candidata a entrar en la Unión Europea. Las sanciones económicas contra Rusia congeló la mitad de las reservas de divisas del país, cientos de empresas occidentales se retiraron del mercado ruso y las principales exportaciones de petróleo y gas se están vendiendo a compradores oportunistas a precios reducidos. También es cierto que las sanciones no tuvieron el efecto devastador esperado gracias a la ayuda que le están dando a Moscú los funcionarios/comerciantes chinos, turcos e iraníes. Pero los rublos ya no alcanzan para continuar por mucho tiempo con esta ofensiva. Los analistas militares creen que la maquinaria bélica rusa está gravemente afectada, y que las existencias de municiones se están agotando.

La guerra ahora está estancada en el este y el sur ucraniano, con unas fuerzas rusas apenas oxigenadas por mercenarios y repuestos para tanques y aviones chino-turco-iraníes. Los generales del Kremlin apuestan a una guerra de desgaste. Ucrania no está muy lejos de esa estrategia. La ayuda occidental no es infinita. Pero los golpes de los partisanos en la Crimea ocupada desde 2014, fueron muy duros para la moral rusa. El asesinato, la semana pasada, de la joven filósofa nacional-fascista Darya Dugina, hija del mentor de las ideas imperialistas de Putin, ponen más dudas sobre la pelea interna dentro del Kremlin y de la existencia de grupos rusos disidentes dispuestos a terminar con la locura neo-soviética.

Y mientras la guerra en Ucrania se prolonga, se amplía el arco de riesgos y represalias, desde los ataques a mansalva en zonas civiles hasta los complots de asesinato y sabotaje a través de las fronteras, pasando por la amenaza siempre presente de un error de cálculo nuclear. Hasta aquí, fueron seis largos meses de guerra. Tres días convertidos en 180 y noches desesperantes. Y la sensación generalizada es que se trata de apenas un prólogo.

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